El póquer es una actividad que se desarrolla en grupo, por lo tanto, es una actividad que potencializa la socialización, el libre intercambio de perspectivas, la vinculación humana. Y en este mismo orden de ideas, para evolucionar como jugador y adquirir la presteza necesaria para triunfar en las partidas, los consejos y sugerencias son un recurso privilegiado.
Vamos a comentar algunas de estas valiosas observaciones que conviene memorizar en la medida de lo posible para mejorar nuestra personalidad y técnica de juego. Algunas de ellas están enfocadas al póquer interior, es decir, el estructurado en torno a la toma de decisiones de un contendiente. Otras se orientan al póquer exterior, a la interacción competitiva que tiene ese mismo jugador con sus rivales de partida.
Etiqueta del póquer
Algunas de las formas en que conviene actuar en un juego de póquer son las siguientes: proceder con honestidad, sin tratar de hacer trampa con respecto a las fichas que se entregan para el bote; jugar con rapidez, sin provocar molestia entre los demás participantes; mostrar nobleza al ganar, sin mofarse de los otros contendientes. En este mismo sentido es preciso aprender a perder, sin maldecir, lanzar a la mesa las cartas o proferir insultos en contra de los compañeros de juego y respetar el turno propio, sin interferir en la ocasión que le corresponde a otro jugador. Lo que debe evitarse por completo es aconsejar a un rival en pleno desarrollo del juego y mirar la mano de un contrincante.
Para ganar y no perder
Una partida de póquer inicia antes de haber repartido los naipes, y después de haber declarado al ganador. Por lo tanto existen algunas sugerencias relacionadas con esas etapas del juego. Primero, si uno se encuentra disputando una partida y las cosas marchan bien, con ganancias contantes y constantes, hay que permanecer allí lo más posible. La fortuna es veleidosa y puede tardar mucho en retornar. Segundo, si por el contrario, la suerte no nos está sonriendo y las pérdidas comienzan a ser de consideración, lo mejor es salirse de inmediato del juego, sin importar que creamos que la próxima victoria llegará en la siguiente jugada. Por último si se percibe estrés, fatiga o ,malestar que produzca una mengua en la concentración o en el rendimiento general del juego, es preferible no jugar. La mayoría de las veces el estado de salud se ve reflejado en las finanzas disminuidas de un jugador.
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