Hay que acostumbrarse a valorar las probabilidades del juego propio, de acuerdo a tres condiciones básicas, que son las referentes a las cartas, el dinero y la posición en la mesa de póquer. En realidad esto no es tan complicado como parecería de inicio, tal y como sucede con el requerimiento de dominar las leyes y reglas que se manejan en el póquer. Pero lo que determina el éxito de tal tentativa es el factor psicológico. Ahondemos en el particular, a continuación.
Las caras del póquer
En cada juego de póquer se pueden descubrir personalidades muy variadas en los diferentes rivales. Esto trae como consecuencia que cada partida resulte completamente distinta a las demás. Es todo un desafío tratar de descubrir, no sólo el modo de efectuar faroles, sino también el estilo de juego y carácter de un participante de partida. Se expresa en la sabiduría popular, que solo basta sentarse con alguien en una mesa de póquer y observar atentamente su evolución en el juego, para conocer a fondo su esencia. Sin embargo, llevar a cabo esta tarea requiere del tiempo necesario. Todo jugador de póquer tiene la obligación de estudiar detenidamente las actitudes de sus rivales, aún cuando se encuentre inmerso en el análisis de las posibilidades de la mano con que se cuente.
Perspicacia y comprensión
Hay que hacer notar que se presentan dos puntos de referencia básicos al momento de efectuar la observación de los contrincantes en una partida de póquer. Primero que nada, cada jugador tiene algunas normas particulares, por ejemplo, jugadas específicas para hablar, subir, hacer farol, etc., Por medio de una observación detenida de los naipes cuando son mostrados, uno puede conseguir una perspectiva general del plan general de juego de cada rival. Por lo que se refiere al segundo punto, todos los jugadores exhiben de un modo u otro sus costumbres de juego, por medio de su comportamiento en la mesa de póquer. Y así, detalles como los gestos, la modulación de la voz, las reacciones ante condiciones adversas, su capacidad de auto controlarse en las derrotas, o en casos de júbilo extremo, por haber obtenido una gran victoria. Todo ello proporciona valiosas referencias acerca de los métodos o intenciones de los diferentes rivales, por lo cual hay que mantenerse atento para percibirlos y al mismo tiempo disimular las conductas propias de nuestro de juego. Una importante máxima dicta que conocer al jugador es más relevante que conocer las apuestas.
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