La veleidosa fortuna
Se puede establecer toda una serie de cálculos estadísticos con el fin de anticipar resultados, pero sin embargo, más allá de esto, se debe tener presente que la buena suerte en los juegos de azar nunca está garantizada. Esto es lo que parecería desprenderse de la opinión del dramaturgo latino Plauto quien escribió alguna vez “La diosa Fortuna desbarata ella sola las previsiones de cien sabios”. Por lo consiguiente, resulta más valioso para un jugador afrontar la incertidumbre de cada sesión de juego, lo aventurado de cada partida, que tener un bagaje inmenso de conocimientos matemáticos o estadísticos. En los juegos de azar un participante se juega, él mismo, su entero destino.
Saber triunfar
Otra importante causal de malos resultados en una jornada de juegos de azar es la obstinación por preocuparse más por los contrarios que por la calidad del juego propio. Y es que, a diferencia de los deportes de conjunto, en los juegos de azar uno debe concentrarse en lo que hace y no tanto en la manera en que juegan los demás. Esto parece corroborarlo el filósofo y literato latino Cicerón, en un texto suyo que enuncia: “Muy dichoso es quien no depende de nadie más que de sí mismo y busca todo lo que necesita”. Así como las ganancias saben mejor si no se dividen entre varios contendientes, cada jugador debe hacer lo posible por afrontar la individualidad de su apuesta frente a la suerte y persistir en ella hasta el final.
Un solo instante
Para ganar en un juego de casino no se necesita más que un tiempo muy breve de fortuna, a veces una sola partida o cartón del bingo bastan para compensar una larga racha negativa. Catulo, el poeta de la antigüedad, se expresaba así “Que cosa más apetecible pueden darnos los dioses que una hora feliz”. Por lo consiguiente hay que saber esperar nuestro momento de buena suerte y sacarle todo el provecho posible.
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