Al igual que las demás actividades humanas, el póquer necesita estar fundamentado sobre ciertos principios de civilidad que no deben ser alterados, ni evadidos, con el objetivo de respetar el sentido del juego. Si alguien aspira a convertirse en un buen jugador de póquer tal vez lo más importante no sea el aprendizaje de trucos y tretas, sino en primera instancia mostrar respeto y consideración hacia los compañeros de partida. Ahondemos en ciertas particularidades que pueden ser consideradas como reglas de etiqueta en el póquer, que recomendamos ampliamente cultivar, a fin de crecer como jugadores respetados y como buenos deportistas de los naipes.
Por un póquer leal
Todos los participantes de una sesión de póquer deben ser considerados como iguales, sin importar su mayor o menor experiencia en este deporte. El grupo entero de contendientes se debe apegar a las reglas del juego. Es como si las personas involucradas en una partida construyeran un pequeño mundo con sus propias reglas y modos de manifestarse. No es necesario un código escrito o reglas impresas, sino reconocer la honorabilidad que el póquer amerita y preservarla a toda costa.
Transparencia del juego
Un ejemplo de la necesidad de respetar la esencia del póquer, la tenemos en aquellos contendientes que continúan en la partida hasta su culminación. Estos participantes tienen el deber “moral” de exhibir sus cartas. Y esto debe ser así porque, debido a su relevante papel en los derroteros del juego, hay que corroborar que las combinaciones de estos jugadores justifican el resultado final acerca del ganador. La deportividad y la transparencia agilizan el transcurrir de las jugadas y hace más amena la experiencia del póquer.
Es preciso cumplir
En el momento en que se acepta una apuesta, no es posible evadir la necesidad de pagarla. Y hay que hacerlo de tal modo que se haga manifiesto ante todos los participantes de la mesa del póquer. La mercancía de las apuestas requiere de esa transparencia, para poder cumplir debidamente su rol como motor de las acciones de juego.
Sin palabras
Si el juego lo amerita, por cuestiones de amistosa familiaridad, se pueden permitir los comentarios y las observaciones. Pero en el caso de competencias oficiales y torneos de relevancia hay que guardar un silencio respetuoso y concentrado en los derroteros de las partidas. Puede tenerse la plena seguridad de que los rivales no se ofenderán por esta circunstancia de hermetismo, sino todo lo contrario, se aplicarán en su propio juego y enriquecerán la intensidad de la partida.
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