Bingo y Póker

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Apuesta osada

julio - 29 - 2009 0 Comentarios
¿Con qué baza te lo apostarías todo?

¿Con qué baza te lo apostarías todo?

¿Cuánto estarías dispuesto a perder jugando al póker? Seguramente, muchos jugadores han perdido cuantiosas cantidades de dinero al apostar en el juego, o tal vez se han perdido propiedades por la misma causa, pero ¿el hecho de apostar tal cantidad, implica ser un extraordinario jugador?

Seguramente la respuesta a esa pregunta sería un “sí”, ya que nadie es tan tonto como para arriesgar todo su dinero en una apuesta; si desconoce por lo que está jugando, no va a perder lo que lleva en la cartera.

En tiempos memorables, en aquellos años en que la vida era distinta, cuando los amantes de los juegos de mesa y azar arriesgaban algo más que billetes o monedas, hasta pudiesen haber puesto las escrituras de una propiedad. Ahí no acababa todo: se sabe que esos mismos hombres llegaban a apostar a sus mujeres.

Imaginando los actos

Si te imaginas esa escena, seguramente parecerá bastante gracioso, pero se podría pensar que en estos tiempos, en las circunstancias de esa mujer y esposa, si al menos nos pudiéramos poner en la misma situación, varios estarían aterrados.

Una de esas tantas historias, la más recordada, tiene que ver con una de esas tantas apuestas muy osadas realizadas por algún amante del Poker.

El poker ha marcado hitos históricos

Era una partida en la que se encontraban contendiendo dos jugadores, era póker sin límite de cinco cartas. Uno de ellos, un adinerado ranchero del Oeste de Estados Unidos; el otro lado, un legendario apostador.

La partida se inició después de que a apuesta llegó a los 100.000 dólares, aproximadamente. El ranchero ponía en juego su rancho y todas las cabezas de ganado que poseía, lo escribió en un papel y se dispuso a depositar el mismo en el tapete.

Del otro lado, el experimentado apostador, silencioso y sigiloso, tomó su arma de fuego, se dirigió hacia el Gobernador de Nuevo México que se encontraba presente para disfrutar del Show, apuntó a la cabeza de éste y le dio a firmar un papel, con la amenaza de que lo firmara sino lo mataría, el Gobernador temeroso lo hizo, para después el apostador colocar el papel en el mismo tapete. El ranchero, indignado, se puso de pie, sacó el papel y tras leerlo lo devolvió a su lugar maldiciendo.

Las palabras contenidas en ese histórico papel que había escrito ese apostador con anterioridad decía: “Subo tu apuesta, apostando todo el territorio del Estado de Nuevo México”

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